Dia 22/07 Santa María Magdalena (blanco)
[col][lect][ofre][pref][com][despcom]
Dijo el Señor a María Magdalena:
"Anda, ve con mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre suyo, al
Dios mío y Dios suyo".
Dixit Dóminus Mariae Magdalenae: Vade ad fratres meos, et dic eis: Ascendo ad Patrem deum et Patrem vestrum, Deum deum et Deum vestrum
Oremos:
Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María
Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a
nosotros, por intersección y el ejemplo de aquella cuya memoria celebramos,
anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los
cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Encontré al amor de mi alma
Lectura del libro del Cantar de los Cantares
3,1-4a
Esto dice la esposa:
"En mi lecho, por las noches, a mi amado yo buscaba. Lo busqué, pero fue
en vano. Me levantaré. Por las plazas y barrios de la ciudad buscaré al amor de
mi alma; lo busqué, pero fue en vano. Y me encontraron los guardias de la
ciudad, y les dije:
"¿Qué no vieron a aquel que ama mi alma?" Y apenas se fueron,
encontré al amor de mi alma".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 62
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te anima mea,
Dómine, Deus meus
Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora, como el suelo reseco
añora el agua.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te anima mea,
Dómine, Deus meus
Para admirar tu gloria y tu poder,
anhelo contemplarte en el santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te anima mea,
Dómine, Deus meus
Podré así bendecirte mientras viva y
levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con
júbilo en los labios.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te anima mea,
Dómine, Deus meus
Fuiste mi auxilio y a tu sombra, canté
lleno de gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo.
Señor, mi alma tiene sed de ti.
Sitívit in te anima mea,
Dómine, Deus meus
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba
abandonada.
Dic nobis Maria quid vidisti in via? Sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidi resurgentis
Aleluya.
Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?
Ý Lectura del santo Evangelio según san Juan
20,1-2.11-18
Gloria a ti, Señor.
El primer día después del sábado, estando
todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo
cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
"Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán
puesto".
María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de
llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en
el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro
junto a los pies. Los ángeles le preguntaron:
"¿Por qué estás llorando, mujer?"
Ella les contestó:
"Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.
Entonces él le dijo:
"Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?"
Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió:
"Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto".
Jesús le dijo:
"¡María!"
Ella se volvió y exclamó:
"¡Rabbuní!", que en hebreo significa
"maestro".
Jesús le dijo:
"Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis
hermanos: "Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios"".
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al
Señor y para darles su mensaje.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Recibe, Señor, los dones que te presentamos en la
fiesta de santa María Magdalena, cuya ofrenda de amor aceptó con tanta
misericordia tu Hijo Jesucristo.
Que vive y reina por los siglos de siglos.
Amén.
La vida consagrada a Dios es un signo Del Reino de los cielos
En verdad es justo y necesario que te alaben,
Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra.
Porque al celebrar a los santos que por amor al Reino de los cielos se
consagraron a Cristo,
reconocemos tu Providencia admirable, que no cesa de llamar al hombre a la
santidad primera, para hacerlo participar ya desde ahora de la vida que gozará
en el cielo, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso,
con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
[Misa]
Nos apremia el amor de Cristo, para
que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por
ellos.
Cáritas Christi urget nos, ut et qui vivunt iam
non sibi vivant, sed ei qui pro ipsis
mortuus est et resurrexit
Oración
después de la Comunión
Oremos:
Que la participación en tus misterios, Señor, infunda en nosotros aquel amor
que impulsó a santa María Magdalena a entregarse por siempre a Cristo, su
maestro.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.